El electricista
Andaba en bicicleta, con la escalera al hombro, por los caminos de la Pampa.
Bautista Riolfo era electricista y siete oficios: Un todero; un todero que arreglaba tractores, relojes, molinos, radios, escopetas.
La joroba que tenía en la espalda le había salido de tanto agacharse hurgando enchufes, engranajes y rarezas.
René Favaloro, el único médico de la comarca, también era todero. Con los pocos instrumentos que tenía y los remedios que encontraba, oficiaba de cardiólogo, cirujano, partero, psicólogo y especialista en todo lo que se necesitara componer.
Un buen día René viajó a Bahía Blanca, y a la vuelta se trajo una máquina jamás vista en aquellas soledades habitadas por el viento y el polvo.
Ese tocadiscos tenía sus mañas, y en un par de meses se negó a seguir funcionando. Y ahí vino Bautista, en su bicicleta. Sentado en el suelo, se rascó la barba, investigó, soldó unos cablecitos, ajustó tornillos y arandelas:
–A ver ahora –dijo.
Para probar el aparato, René eligió un disco, la Novena de Beethoven, y colocó la púa en su movimiento preferido, y la música invadió la casa y se echó a volar por la ventana abierta, hacia la noche, hacia la tierra sin nadie, y siguió viva en el aire después de que el disco dejó de girar.
René comentó algo, o algo preguntó, pero Bautista no contestó nada.
Bautista tenía la cara estrujada entre las manos. Un largo rato pasó, hasta que el electricista consiguó decir:
–Perdone, don René. Usted disculpe, pero yo nunca había escuchado eso y yo no sabía que esa... esa... 'e-lec-tri-ci-dá' existía en el mundo.
Eduardo Galeano - Bocas del tiempo
Bautista Riolfo era electricista y siete oficios: Un todero; un todero que arreglaba tractores, relojes, molinos, radios, escopetas.
La joroba que tenía en la espalda le había salido de tanto agacharse hurgando enchufes, engranajes y rarezas.
René Favaloro, el único médico de la comarca, también era todero. Con los pocos instrumentos que tenía y los remedios que encontraba, oficiaba de cardiólogo, cirujano, partero, psicólogo y especialista en todo lo que se necesitara componer.
Un buen día René viajó a Bahía Blanca, y a la vuelta se trajo una máquina jamás vista en aquellas soledades habitadas por el viento y el polvo.
Ese tocadiscos tenía sus mañas, y en un par de meses se negó a seguir funcionando. Y ahí vino Bautista, en su bicicleta. Sentado en el suelo, se rascó la barba, investigó, soldó unos cablecitos, ajustó tornillos y arandelas:
–A ver ahora –dijo.
Para probar el aparato, René eligió un disco, la Novena de Beethoven, y colocó la púa en su movimiento preferido, y la música invadió la casa y se echó a volar por la ventana abierta, hacia la noche, hacia la tierra sin nadie, y siguió viva en el aire después de que el disco dejó de girar.
René comentó algo, o algo preguntó, pero Bautista no contestó nada.
Bautista tenía la cara estrujada entre las manos. Un largo rato pasó, hasta que el electricista consiguó decir:
–Perdone, don René. Usted disculpe, pero yo nunca había escuchado eso y yo no sabía que esa... esa... 'e-lec-tri-ci-dá' existía en el mundo.
Eduardo Galeano - Bocas del tiempo
Etiquetas: eduardo galeano, electricista, galeano



2 Comments:
Hola Jan!.. :)
ya te quiero ver pequeño saltamontes... ¡pero ya!.. o bueno, mejor mañana, a una hora más decente..
jajajaja me hiciste leve la noche de insomnio.
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